A veces me pregunto si es realmente necesario estar frente a lo acontecido para entender lo que sucede en realidad. Veo constantes idas y vueltas de la verdad dicha de mil maneras pero que al final no redondean un hecho concreto sino se convierten en historias vagas que terminan yendo en direcciones muy convenientes para quien las profiere.
Me pongo a pensar ahora en esos conservadores de derecha que ahora añoran a una izquierda respetable que sea demócrata y respetuosa de la república que buscan representar, pero la contradicción empieza cuando acusan de frágiles comunistas sin principios a aquellos que muestran verdadero interés en las reformas que de verdad "reforman" el modo de vivir de la gente, maldiciendo la figura de la izquierda como si fuera un pequeño animal rabioso al que ya no pudieron seguir conteniendo.
Por ejemplo: se propone que la iglesia católica vuelva a pagar impuestos, se plantea que grandes empresas paguen sus deudas tributarias a cambio de no entrar en cobranzas coactivas como a las que muchísimos de los pequeños contribuyentes sí deben someterse; se da iniciativa de cerrar fábricas que mienten a la ciudadanía vendiendo productos alimenticios con nombres y eslogans que no van con la realidad de los insumos usados para su fabricación. Luego de ello, automáticamente los mismos conservadores de derecha arremeterían contra los propulsores de estas medidas que, desde cualquier punto de vista, serían las más justas en un país demócrata y respetuoso de su república. Harán todo lo posible para mostrar que fue un error y usarán todas sus artimañas para hacer caer en la idea de que los cambios son los culpables y no esa maldita guerra de poderes económicos que desde hace mucho tiempo saben desatar los grupos capitalistas en el mundo.
Los sistemas no cambiarán si las personas siguen creyendo sin dudar en las noticias frutos de la manipulación de la información que vivimos todos los días, así que es tiempo de mirar hacia adentro y ver qué se puede hacer desde el corto alcance que cada persona puede lograr, tratando de darse paso a la verdadera solidaridad ciudadana a fin de lograr un pequeño frente de personas comunes que buscan un futuro grandioso para ellos mismos.
Es tiempo de entender que no es necesario creer en grupos ni movimientos que acumulen el poder para darnos el bienestar que nosotros mismos podemos lograr con pequeñas acciones tales como la simple solidaridad y la constante impartición de conocimiento y la generación de nuevos saberes.
Suena simple, sí, pero tan lejano e iluso.
Las ideas van y vienen. ¿Qué daño hay en tenerlas y compartirlas?
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